Hubo una época en el pasado, cuando estaba en la universidad, en que cuando quería encontrarme con alguien, pensaba a dónde podía ir, según lo que habíamos conversado... y así sabías cuál podría ser la cafetería, la sala de estudio o el aula en que estaría, si acaso sería la biblioteca. Y te sentabas con un café en la mano a ... leer... mientras a hurtadillas levantabas la vista a ver si veías a esa persona, llegar...
Y de repente le ves pasar a lo lejos, o eso crees... y sigues esperando... pasa el tiempo y no te queda de otra, que ir por otro café, cambiar de lectura o darte por vencido y regresar a casa con esa sensación de...
Y terminas esperando que quizá encuentres un recado o sencillamente, esté sentado en tu puerta, aguardando por ti.