lunes, 21 de diciembre de 2009

Estación Berrío

Me detengo a observar, allí está en la otra plataforma. Su mirada serena y penetrante escudriña los pasajeros de la ruta contraria; se detiene en mi y me sonríe.

Con un gesto me invita a un café, salimos juntos de la mano y caminamos hasta el Café, pedimos capuchino y vienés y gastamos la tarde hablando de libros y poesía, de la exposición que visitaremos mañana, su última obra y mi próximo trabajo.

No dejo de mirarlo. Me encanta su gabán y el cabello ensortijado con visos de cobre que le cubre media espalda. Siempre sonríe con sus ojos azules, y es como si quisiera calcar el mundo en la carpeta que lleva siempre bajo el brazo.

Entramos a la librería Continental, recorremos los estantes y jugamos a regalarnos libros, reímos juntos y hablamos de futuro.

De repente el llamado del altoparlante que repite que hay que permanecer tras la línea amarilla. Una imagen en movimiento distorsiona su figura que pasa rápidamente tras los cristales, ahora en dos direcciones opuestas.

Lo busco, pero se ha ido.

Serie: Roces de Tiempo (2003)

viernes, 6 de noviembre de 2009

El Mago

Una vez conocí un mago que era capaz de hacer volar mariposas en el desierto y que podía encender las velas con un suspiro en una noche de luna nueva; sus palabras hacían brotar las flores antes de ser capullos; con cada caricia una nueva estrella fugaz brillaba en el cielo y sus besos hacían los sueños realidad, sin importar que tan fantasiosos fueran.
Pero una noche desnudó su alma y dejó olvidado su sobrero en la mesita de la sala; y al salir de casa sintió que olvidó su magia, pero no quería regresar.
Hoy es un hombre como tantos que deambulan por las calles de cualquier ciudad, sin brillo en ojos o vitalidad en su sonrisa. Todo porque olvidó que para ser mago no necesita de un sombrero.


De la Serie: Libreta de Apuntes (2005)

domingo, 1 de noviembre de 2009

Cartagena de Indias


Cartagena de Indias, originalmente cargada por Tati González.

Cuento por encargo, para media noche

Se encontraron aquella noche
en medio de una tormenta de individualidad, expectativas y temores.
Se encontraron y descubrieron que podían permitir que sus caminos se entrelazaran
en un tiempo y un espacio que podía ser infinito en un instante,
buscando respuestas a sus expectativas
pero atesorando sus temores como esencia de su individualidad.
05/01/08
TGL

martes, 20 de octubre de 2009

SONES I

De repente me vi inmersa en eso que han dado por llamar realidad fantástica caribe.
En un no muy grande auditorio pululante de estudiantes, profesores y periodistas, estaba compartiendo, sin saberlo, con los mejores reyes vallenatos.
Todos, allí reunidos, le brindaban un especial homenaje al rey de reyes "Colacho" Mendoza. Y las palabras salidas como de una canción que pronunciaba el maestro Escalona, se sucedían con las notas teñidas de vitrola vieja que Julio Oñate traía para ilustrar sus recuerdos.
Y fe así como el palo´e mango y la parranda con el acordeón, improvisando versos, el duelo entre Francisco el Hombre y el Diablo, y otras historias y costumbres de la región, tomaban ante mí una nueva dimensión, al lado de los recuerdos de doña Margarita – mi abuela paterna –, mi primer referente de estas tierras.


De la serie: Cuentos desde Santa Marta (2004)

viernes, 16 de octubre de 2009

ROCES DE TIEMPO

Frente a ellos había pasado toda una vida, olores y tactos que habían borrado su huella.
Se miraron y evitaron el deseo. Se hablaron desde la distancia de los años que habían pasado y rieron desde los formulismos sociales en los que estaban enmarcados.
Sin esperarlo se vieron solos frente a un café. Un roce sutil bajo la mesa, una mirada profunda al alma y la piel, y toda su vida pasó frente a ellos, entre sábanas ajenas y paredes frías y mudas, en medio de olores propios y calidez de cuerpos.
Poco después, cientos, miles de kilómetros y días entre ellos, y un vacío de piel.

De la serie: Historia en siete actos

martes, 13 de octubre de 2009

IMAGENES I

Hoy entré a una de las bodegas de la universidad. Queda situada allá, al fondo y en la trastienda del último bloque construido... tan lejano y tan aislado de los bloques centrales, que es llamado Gorgona.

Me acerqué para averiguar por una silla. Desde que visito este edificio, construido en forma de herradura abierta en torno a una anciana acacia, he visto una mesa huérfana que deambula por todo el patio, y a falta de oficina, pensé instalarme temporalmente en ella para estudiar a la tibia sombra del árbol y a la "suave" brisa de febrero.

Imaginen lo que ví en la bodega: tres reyes magos de un metro de altura sin distinciones en su coloración de piel, jugaban escondite entre arrumes de sillas, mesas y cajas de aire acondicionado, diseminados por el salón; algunas cajas de archivos perdidos y olvidados, anaqueles llenos de cuanta cosas puede haber en bodega, y tras la puerta, como queriendo esconderse de todo, un triste piano de cuarto de cola, mutilado de pies y manos, dejaba ver su vientre abierto al olvido.


De la Seria: CUENTOS DESDE SANTA MARTA (2004)

martes, 6 de octubre de 2009

INSTANTÁNEAS DE VIAJE

La pequeña avioneta de la aerolínea local aterrizó, luego de un vertiginoso giro sobre el recodo del río, en una pequeña, angosta y pedregosa pista a su costado.
Al bajar, a pesar de ser de mañana, el aire calido y húmedo golpeó nuestros rostros. La primera impresión que tuve fue haber descendido en una pista clandestina, no se veía el movimiento y la infraestructura de lo que llamaríamos mínimamente, aeropuerto de pueblo.
Las maletas nos fueron entregadas apenas descendimos de la aeronave, sin recibo ni protocolo alguno, sólo un “cuál es la suya monita”. Sin tener más nociones de cómo continuaba el viaje, me dirigí, como los demás pasajeros, hacia la orilla del río donde esperaba una canoa que, tras una travesía de no más de media hora, nos llevaría al puerto ubicado al otro lado del río.
Estás son las instantáneas de ese viaje en canoa:

Una garza de porte altanero descansa en un playón de arena en medio del río.
Un hombre parado en una chalupa que baja por el río sosteniendo un machete cuya hoja brilla al sol.
Un hombre manco desde la orilla agita su mano para saludar a su compadre que viaja en nuestra canoa.
Dos niños intentan subir una carretilla por una empinada orilla del río; transportan en ella arena que han descargado de la canoa que está a sus pies.
Un martín pescador que desde un chamizo que emerge del río, nos ve impávido pasar.
Una hamaca bajo una incipiente ramada cubierta de hojas de palma en una isla de arena y piedra prolongación de un playón de la orilla.
Una flota de canoas atracada en la orilla del puerto, todas similares a la nuestra, de colores amarillo y verde, cubiertas con una lona plástica, dos banderas de Colombia ondeando al viento al final de la cubierta, con motor Yamaha fuera de borda y sillas pláticas adaptadas para la comodidad del pasajero.
Chalecos sostenidos por cuerdas al techo, esperando caer sobre los pasajeros, como sucede en los aviones, en caso de emergencia.
Un zapatito blanco, que debió perder algún bebé, colgando bajo el nombre de la embarcación: la Santa Bárbara 012.

Descendimos en un puerto de río bien organizado, escalones y rampas en cemento, pasajeros que van y vienen, música de cantina saliendo de los establecimientos al otro lado de la calle en que desemboca el puerto, y en la que nos esperaba el transporte que nos llevaría a nuestro destino final.

TGL
Puerto Perales, agosto 3 de 2004

UNA TARDE EN SAN JUAN LA LUZ

UNA TARDE EN SAN JUAN LA LUZ.

La Comunidad está aquí.

Todos tuvieron la oportunidad de descansar antes de la reunión y están dispuestos a la actividad.

Claudia lidera la reunión. Saluda a los presentes y les aclara que aun faltan dos grupos grandes por llegar. Habla de la actividad del día y de lo que les espera mañana. Finalmente se presenta, me presenta y presenta a Diego, quien en nombre de la Pastoral, hace el apoyo al evento.

Antes de empezar, caen en cuenta de tomar lista; revisan vereda por vereda y a grandes rasgos definen que sólo faltaron 3 personas.

Para la actividad se conforman 5 grupos así, cada uno se numera y van organizándose los equipos, ágilmente se acomodan en el salón, en círculos.

Diego abre su bolsa de materiales y saca ovillos de lana de colores que entrega a cada equipo. Quedan dos equipos azul oscuro, uno azul claro, otro naranja y otro verde. La actividad consiste en construir una telaraña: uno toma el ovillo, da su nombre y de donde viene y le lanza el ovillo al siguiente, y así se espera ir tejiendo de uno en uno hasta regresar al primero.

Comienzan a escucharse de cada grupo nombres de personas, de veredas, y de proyectos; los ovillos van y vienen dejando trazos de color en el aire y las risas acompañan de cuando en cuando la actividad.

“mi nombre es Yovana”

“vengo del municipio de San Julián”

“primero trabajaba con cerdos y ahora con caña”

Rápidamente se teje el primer esquema, y aunque el ovillo se detiene, las risas y la conversa siguen. Algunos intentan recordar el nombre de los otros, y hablan un poco de sus proyectos.

En un momento de uno de los grupos sobresale una voz llamando a Diego para sabe que sigue en la actividad. “Pensemos, ¿qué tenemos en común? ¿Qué nos une?”. Y del fondo del salón una voz se escucha con la palabra “PIS”[1], todos ríen y comienzan a hablar al tiempo; alcanzo a percibir algunas palabras: tejido, fortalecimiento, proyecto, comunidad. Hablan de lo importante que es cada amarre y quien lo sostiene, porque sin él, la telaraña se debilita.

Del murmullo sobresale nuevamente la voz de Diego para aprovechar indicar como hacer las escarapelas que los identificarán durante los próximos tres días.
Hecho esto, y portando cada uno su nombre y el nombre de la vereda de donde vienen, los grupos se organizan en sus sillas y comienzan a socializar; hablan de sus proyectos, de cómo nació la idea y de los aportes que han tenido con esto.

“Ya teníamos el proyecto de gallinas y queríamos hacer algo rentable. Veíamos que la gente compraba los productos en el pueblo y pensamos en escobas, trapeadores y otras cosas pa´hacer. Y surgió la idea de la panadería. Habemos seis pa´empezar en el trabajo, todos de diferentes familias. Trabajamos seis pero se beneficia toda la comunidad; es que es lógico que 45 familias no podemos todas ir a hacer pan. Se le va a dar trabajo a seis, pero es pa´todos, partimos las ganancias pa´todos”.

“… Ustedes que tenían que sacar los niños, ustedes que los tenían en la manga… faltaba un espacio pa´ellos, pa´la comunidad…”

“Arrancamos con la invitación. Teníamos la necesidad de hacer el entable panelero. Nos reunimos a hacer un entable pa´moler la materia prima que ya está sembrada en la comunidad”.

“Con los peces estamos buscando un mejor sustento… pa consumo y pa´la venta… es que necesitamos comprar cositas y mantener el sistema”.

Y así fueron surgiendo todas las ideas que generaron los diversos proyectos; un poco de todo lo que se dijo en cada grupo se fue plasmando en los carteles que luego del refrigerio, uno a uno los equipos expusieron, dejando claro como la necesidad, la oportunidad y el ingenio tejieron los sueños de cada comunidad.

“Surgió la idea del trapiche porque los que hay no abastecen la demanda de materia prima que hay en la comunidad”.

“Así, muchas familias nos beneficiamos”.

“Pués pa´darle continuidad al proyecto anterior, que era de sembrar caña, y pa´sacar una buena panela de calidad, pa´eso…”

“Pués ha servido pa´tener identidad, porque he visto a mi comunidad unida, y me siento orgulloso”.

“… es que si no nos unimos, no salimos adelante. ¡Cómo creen! que el que se desune es el primero que sale, no los unidos…”

“hay veredas con pocos habitantes por diversas razones, ustedes saben; en mi vereda son muy poquitos en el grupo, pero unidos salimos adelante”.


TGL
22/09/2004
[1] Programa de Inversión Social.