Y mientras fumo el tabaco sagrado, me
percato del canto de las aves cerca de mí. Abro los ojos, lo busco con la
mirada y las encuentro picoteando las flores de San Joaquín, cerca de donde me
encuentro.
En ese momento, el aletear de una pareja de
mariposas negras llama mi atención desde el otro extremo del jardín y las
siento bailando, juguetonas, en su eterno cortejo.
Cierro los ojos. Inhalo nuevamente, y me
dejo ir.