martes, 28 de septiembre de 2010

Caparazón

Hace muchos años una niña llegó a una isla, cerca al continente. Caminando por sus costas encontró un cementerio de caracolas; las fue tomando una a una, escogiendo las más hermosas, y con ellas lleno el fondo de la chalupa que la habría de llevar a tierra firme.
Durante años, cargó con su equipaje de caracolas, hermosos caparazones de sueños y murmullos de mar, que la acompañaron de casa en casa.
Un día cualquiera, cuando creció, su príncipe azul las desestimó, y ella, desconsolada, decidió buscarles un mejor hogar. Custodiaron las puertas del castillo paterno durante más de una década, hasta el día que un joven constructor vio en una de ellas, el símbolo de su camino.
La tomó, la lavó y le dió un nuevo lugar, rescatándola, como hace años ella lo hiciera de aquel cementerio, y hoy nuevamente representa murmullos de mar y sueños en construcción.
A Ale.